viernes, 11 de noviembre de 2011

Pink Floyd - WISH YOU WERE HERE


1. Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V) (13:30)
2. Welcome to the Machine (7:31)
3. Have a Cigar (5:08)
4. Wish You Were Here (5:40)
5. Shine On You Crazy Diamond (Parts VI-IX) (12:31)

¿Alguna diferencia?

Siéntate, chaval. Coge un puro, son de los buenos. Lo último que publicaste, el disco ese, fue un pelotazo que te cagas. Yo creo... la compañía cree que ese es el camino, y confiamos en que puedas repetirlo. Tus compañeros tocan bien, y estáis en la cresta de la ola. Yo te sugiero grabar diez o doce canciones esta vez. Basta con que haya tres o cuatro pegadizas, como para sonar en la radio, y con el resto podéis hacer lo que os guste, esas cosas electrónicas vuestras. Os vais a forrar entre discos, actuaciones y demás, no queremos que terminéis quemados. ¿Estamos de acuerdo? Choca esos cinco. ¿Sabes? Vas a llegar lejos.

La perfección es tan difícil de alcanzar que el refranero ha terminado por asumir que alcanzarla es imposible. De lo mejor que producen la tecnología o el arte se suele decir que roza, que se acerca a la perfección, y probablemente sea con sinceridad en muchos casos. Pero hay momentos muy concretos en los que alguien lo logra, en los que se produce una confluencia improbable de circunstancias que dan lugar -poquísimas veces- a una obra perfecta, inmejorable dentro del contexto en el que surge; una obra maestra que no solamente satisface todas las expectativas de quienes la disfrutan, sino que ensancha las posibilidades de su propio campo creativo y lo cambian para siempre. El álbum de Pink Floyd Wish You Were Here (1975) es un ejemplo.

El nadador que se lanza y no salpica.

Chaval, no es fácil mantenerse en la cima mucho tiempo. Yo de ti me agarraría a esa teta y chuparía-chuparía-chuparía hasta dejarme los morros. Tampoco hay que pensar en repetir el éxito de la última vez; ahí sonó la campana... A ver, no digo que fuera casualidad, pero vamos... se juntaron un montón de cosas y ¡voilá! Yo creo que a estas alturas ya tenéis un público consolidado, y no arriesgaría demasiado. No me desviaría del camino. Os vais a forrar sin necesidad de partiros la cabeza, y dentro de unos años, cuando todo esto pase... bien, cada uno en su mansión, y a pasear en yate los domingos. 

Grabado cuando la banda se encontraba en la cima absoluta de su popularidad gracias al superventas The Dark Side of the Moon (1973), Wish You Were Here es uno de esos raros casos en los que los seguidores de un grupo piden la luna a sus ídolos de cara a su siguiente y prometedor lanzamiento, y éstos se la entregan en mano, impecable. Tanto su estructura como sus letras o sus melodías son tan magníficas, tan impresionantes en todos los sentidos y a la vez tan originales e imaginativas, que la escucha de este disco de principio a fin es un placer que no decae con los años. Como los clásicos del cine, Wish You Were Here ha superado con creces los rigores del óxido y las telarañas, y sigue vivo como un icono de la mejor época de la historia de la música popular.

El apretón de manos robótico.

La promoción lo es todo aquí, chaval. Anuncios en la radio, en los periódicos, en la tele... Yo creo que os vendría bien una sesión de fotos para la portada y todo eso, porque ahora mismo os conocen por el nombre más que por otra cosa, y la imagen lo es todo en una banda pop. Perdón, rock.

El concepto del álbum giró en torno a dos ideas principales, bastante bien trenzadas una con otra: la añoranza del idealismo del grupo en sus orígenes y el carácter pesetero y meramente empresarial de la industria musical. Storm Thorgerson y el resto de equipo creativo se afanaron en revestir Wish You Were Here de múltiples imágenes surrealistas que sirviesen para explicar estos conceptos sin hacerlos demasiado obvios, añadiendo misterio iconográfico a una obra que sigue manteniendo ocultos muchos de sus misterios: el nadador en el desierto, el nadador clavado en el agua, el velo rojo arrastrado por el viento, el apretón de dos manos metálicas, los empresarios saludándose del mismo modo en la portada, en uno de tantos gestos vacíos y superficiales como se atesoran hoy en nuestra sociedad. Uno de ellos arde, quizá en referencia a los grupos musicales que se queman, que terminan como bueyes tirando del arado de su propia marca y nunca llegan a sacar la cabeza.

El nadador en el desierto.

Sinceramente, no me van los temas largos. El rollo ese del Bohemian Rhapsody o Stairway to Heaven... muy bonito, pero son todo pegas. Los singles hay que recortarlos casi siempre, y los discjockeys de la radio no siempre tienen diez minutos de sobra para esas paridas. Perdona la sinceridad, siempre os he respetado y creo que a vuestro lado todos los demás son principiantes. Están muy verdes.

El disco se estructura de principio a fin sobre el esqueleto del tema largo Shine On You Crazy Diamond, que suena al principio y al final como si fuese una doble suite en forma de espejo que acentúa su perfecta redondez, con tres temas bien distintos formando sus vértebras centrales: Welcome to the Machine, Have a Cigar y Wish You Were Here. La larga introducción de Shine On... lo convierte en uno de los temas más cósmicos de Pink Floyd, mitad blues y mitad vals, toda una demostración tanto del dominio instrumental de Wright y Gilmour como del habitual pulido obsesivo de los acabados. Welcome to the Machine habría funcionado incluso como una canción con música concreta de fondo (maquinaria en una fábrica), aunque no escapa a la perfección por su atmósfera tensa. Have a Cigar es un tema canalla de ritmo potente y sinuoso, las palabras de un empresario lanzadas a los oídos ilusionados de un joven músico al que anima a comerse el mundo. Por su parte, Wish You Were Here es un tema con sabor folk, casi country en sus orígenes, perfecto por su sencillez y su bella melodía, y sus letras en homenaje al líder primitivo del grupo.

El velo rojo.

Bonito, ¿verdad?

Mira, chaval, a veces hay que cortar por lo sano. Vuestro amigo... yo creo que se metía de todo, y por eso se le fue la cabeza. Hay que controlar y no meterse en ese rollo. Tú... tú pareces listo, y tienes carisma de líder. Quizá termines siendo tú quien parta aquí el bacalao, sobre todo si los demás se terminan convirtiendo en un lastre. Pero no lo diré muy alto por si los otros se lo toman a pecho. Ya sabes, no es nada personal, jajajaja.

Syd Barrett fue quien plantó la semilla de Pink Floyd, y era justo que sus compañeros le rindieran tributo en el mejor momento de su carrera, mucho tiempo después de que aquel visionario se perdiese entre delirios ácidos y tratamientos para el trastorno mental. Todo el disco está lleno de referencias a aquel diamante loco que tanto brilló y tan rápidamente (y lógicamente) se apagó. Parece que un Barrett irreconocible visitó a la banda precisamente mientras grababa Wish You Were Here, y el momento fue de los que ponen un nudo en la garganta. Pero el álbum también parece ser un anuncio de los tiempos por venir, de la incipiente megalomanía de un todavía generoso Roger Waters que en pocos años convertiría a sus ahora compañeros en su banda de acompañamiento; una comparsa para sus sucesivas autobiografías musicales The Wall (1979) y The Final Cut (1983).

Los singles Wish You Were Here ("dos almas perdidas nadando en una pecera") y Have a Cigar.

En fin... Firma aquí, y también aquí... muy bien. Vaaale, lee la letra pequeña si quieres. No tenemos prisa, pero recuerda que ni soy el demonio ni me voy a llevar tu alma metida en una maleta. Mírame a la cara y dímelo: ¿confías en mí? Graba con nosotros, vende con nosotros, hazte rico y famoso con nosotros. No te arrepentirás.

Mírame a la cara y dímelo: ¿confías en mí? Portada del estuche de lujo "Immersion".

Wish You Were Here (cuyo título es una típica frase de postal anglosajona, "ojalá estuvieras aquí", dirigido a Barrett) se reedita estos días en dos ediciones especiales, una que contiene versiones en vivo y demos, otra con multitud de chorradillas para coleccionista en una caja de lujo que vale un dineral pero seguramente vale igualmente la pena. A continuación, algo de material en vídeo-audio:

Un raro vídeo-montaje atribuido a S. Thorgerson.

Un muestrario de música del álbum.

1 comentario:

parsick dijo...

No entiendo como nadie opina sobre esta maravilla de album. Yo, particularmente, estoy totalmente de acuerdo contigo Conde, la perfección existe y este disco es una prueba de ello. Todo lo que pueda decir es poco para alabar lo hicieron estos ingleses hace ya más de 40 años. Tienes razón en que no pasa el tiempo por él. Suena de maravilla con el paso de los años y nunca cansa. Aquí los cuatro estuvieron realmente sobresalientes. Mención especial para el gran Rick Wright, que aquí lo dio todo demostrando a todos, sobre todo a Roger, que era un gran teclista. Estar en la cumbre les permitió dar rienda suelta a su creatividad y vaya si lo consiguieron. Un 10 como una casa. Un joya. Un tesoro. Una obra de arte.

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